
En un reciente post de Chris Corradino se comentaba la utilidad real de los estabilizadores de imagen
(IS/VR) para los fotógrafos avanzados. El gancho utilizado por los fabricantes es la posibilidad de capturar imágenes más definidas. Básicamente la
teoría ha de funcionar, pero en los casos prácticos no es así. Se proponen varias situaciones de ejemplo.
Paisajes: cuando se captura una imagen com poca luz, al amanecer o en la puesta de sol, los tiempos de exposición pueden llegar a ser de varios
segundos. En estos casos la estabilización no tiene sentido ya que la cámara ha de estar absolutamente quieta. Se requiere un trípode y los propios
sistemas IS/VR recomiendan desactivarlos si se usa un trípode.
Deportes: para la mayoría de los deportes se quiere congelar la acción, por lo que se necesita una alta velocidad de obturación de, al menos, 1/500.
Si se coge bien la cámara no habrán sacudidas que puedan mover la imagen. Además se está disparando a velocidades que no se va anotar ninguna
perturbación.
Eventos y bodas: la iluminación será bastante pobre en los interiores, se usará flash la mayor parte del tiempo. Si tenemos en cuenta la velocidad
de sincronización, hablamos de velocidades de 1/200 y distancia focal hasta 70mm, no deberán salir movidas.
Macros: cuando se dispara a objetos que llenan el campo el menor movimiento produce una imagen desenfocada. Este es un caso en que IS/VR puede
ayudar, pero si tienes un trípode, mejor.
Los sistemas de estabilización de imagen ayudan más cuando la situación no permite una buena fijación de la cámara o en situaciones en las que es
necesario disparar deprisa para no perder el momento, por ejemplo.